Nadando con el tiburón ballena en Cancún

Una de las aventuras más bonitas que he tenido la oportunidad de experimentar desde que estoy en México es nadar con tiburones ballena.

Nadando con el tiburón ballena en Cancún

Nadando con el tiburón ballena en Cancún

Mis padres pusieron el grito en el cielo cuando les comenté que iba a hacerlo. Que por qué tengo esa manía de meterme en sitio peligrosos, que si no se me iban a comer los tiburones, que qué seguridad iba a tener, que estoy en otro país haciendo muchas locuras, que tuviera muchísimo cuidado… Bueno, lo normal yo creo: unos padres preocupados por su hija.

Para entrar más en cómo estuvo mi día, en los siguientes párrafos te cuento cómo se desenvolvió toda la actividad y, si estás interesado, no dudes en contactarme para solicitarme información o incluso para reservar.

Me citaron muy temprano, a las 6.30 am en el puerto más al norte que existe en Cancún, Punta Sam. Estaba nerviosa, porque aunque sí se nadar, tenía cierto temor a estar en aguas abiertas con estos tremendo animales. Al final ni desayuné antes de salir de casa. Pensé que como en otras ocasiones, me marearía en la embarcación, y mejor no tener la opción de echar la papilla por la borda.

¡Empieza la aventura!

Antes de subir a la embarcación nos estuvieron hablando de cómo se realizaría la actividad y qué cosas importantes debíamos saber sobre el tiburón ballena. Empezaron explicándonos que en verdad no se trata de un tiburón ni de una ballena, sino de un pez de gran tamaño. Por este mismo motivo, debíamos tener cuidado a la hora de nadar junto a ellos. Está totalmente prohibido tocar los animales durante el nado; ellos se están alimentando y, sinceramente, a nadie nos gustaría que mientras estamos comiendo en nuestra casa, alguien se pusiera a tocarnos por todo el cuerpo. Además son animales, por lo tanto es fácil que por instinto tiendan a sumergirse, y entonces dejaremos de verles, o directamente se muevan rápido y corramos el riesgo de que nos golpeen (ten en cuenta que un adulto mide cerca de 12 metros y pesa aproximadamente 19.000 kg, así que puede hacerte daño).

También, y por motivos de seguridad nos indicaron que quien no supiera nadar era obligatorio usar chaleco salvavidas. La verdad es que yo me lo pensé cuando fui a saltar, aunque llevaba el neopreno y no estaba obligada a utilizarlo. Los chicos te dan todo el equipo necesario para realizar la actividad: aletas, visor, tubo de snorkel, neopreno (pagado aparte) y chaleco salvavidas.

Llega el momento de subirse al barco y ponernos rumbo a aguas profundas para buscar a los tiburones ballena. Y cuando digo aguas profundas, son profundas. Todos pensamos en Cancún y esas aguas azul turquesa; bien pues cuando buscas los tiburones son aguas con más de 80 metros de profundidad, así que adquieren un color azul muy intenso y no se puede ver mucho ni desde la embarcación, ni desde dentro del agua. Lo bonito es que, además de encontrar estos gigantes peces, también podemos encontrar mantas-raya diablo, esas que tienen como antenitas que parecen cuernos.

Las embarcaciones son muy pequeñas, sólo caben 10 pasajeros, capitán y guía del barco. Esto se hace expresamente por orden del gobierno de México, con el fin de proteger la biodiversidad marina con menos contaminantes y menos población dentro del agua acosando a la fauna.

¡Llega el momento de saltar!

Tras un recorrido de casi una hora en el barco, llega el momento de saltar al agua. El guía nos indica que saltaremos por parejas, junto con él, quien nos indicará en todo momento qué ir haciendo, si debemos nadar o cuidarnos de algún posible peligro. Yo sólo era capaz de ver la aleta dorsal, que más bien parecía una aguja, asomándose fuera del agua, el resto del tiburón ballena me tocaba imaginarlo. A la cuenta de tres me encontraba en el agua, en cuanto me coloco el visor, veo que el enorme pez viene hacia mí y apenas tengo tiempo de hacerme bolita encogiendo mis piernas para que pase justo por debajo sin que yo le roce con las aletas. En el vídeo creo que no se percibe, pero grité. Acto seguido miro al guía y me hace una seña para que vaya nadando detrás del animal y, tan rápido pude, empecé a mover mis piernas para impulsarme.

Sólo podía contemplar al animal, en ningún momento imaginé qué podría pasar si aparecía otro animal, quizás un tiburón de verdad (porque, aunque no lo crean, en estas aguas del golfo de México, aunque estemos muy cerca del Caribe, también hay tiburones). Fue cuestión de segundos, no creo que en ese salto estuviera dentro del agua más de dos minutos, pero fue increíble. Es una sensación genial poder encontrarte con animales tan grandes cerca de ti, la adrenalina se dispara por todos los poros de tu piel.

Tras volver al barco seguimos con la ruta para que el resto de los pasajeros también saltaran y, una vez que habíamos saltado todos, nos preguntaron si queríamos repetir. En el segundo salto, apenas logre ver al tiburón, porque ya había tantos barcos en los alrededores que los pobres tiburones ballena se asustaron y se sumergían. Una pena. Hubiera podido pasarme todo el día buscándolos y nadando con ellos.

¡Pero la aventura todavía continúa!

De camino a Cancún paramos en Isla Mujeres, donde nos dejaron tiempo libre y nos ofrecieron unos refrescos y ceviche recién hecho, así como un croissant de jamón y queso. Una vez que recuperamos energías, a los que teníamos que regresar a Cancún, nos llevaron a una pequeña caleta entre la isla y la ciudad donde nos dieron tiempo para hacer snorkel y ver los corales y peces. Regresamos al muelle de Cancún a aproximadamente a la 1.30 pm. Cuando bajas te ofrecen pasar por la tienda para ver si te interesa comprar el vídeo y fotos de tu experiencia y te lo dan en un USB con forma de tiburón ballena (¡yo lo quería! …pero era muy caro).

Para mí sin duda fue una de las mejores experiencias vividas en el caribe mexicano. El costo de venta al público de esta actividad es de 199 usd por persona + 10 usd de impuesto de muelle. Si quieres alquilar el neopreno para nadar, tiene un costo extra, así como las fotos y vídeo que te toma el guía en los diferentes saltos que haces. El tour completo dura aproximadamente 7 horas y debo recordar que esta es una actividad estacionaria y sólo puede realizarse desde finales de mayo hasta mediados de septiembre, aunque las mejores fechas para disfrutar de este acontecimiento son entre julio y agosto (especialmente cuando la luna llena está llegando, pues al parecer en ese momento se produce más plancton y aparecen muchos más tiburones ballena).

Yo recomiendo totalmente la actividad, pese al precio. Es una experiencia única. En general el púbico la realiza sólo una vez en la vida aunque, sinceramente, ¡yo estoy deseando repetir!

Viajera incansable.

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