¿Qué más me puede pasar en este viaje?

¿Qué más me puede pasar en este viaje?

Cuando la Ley de Murphy se cumple

“Lo que tenga que ser, será”

(Allan Karlsson)

Cuando vas a hacer un viaje siempre hay que tener en cuanta los posibles contratiempos. Pero entre todas las posibilidades cuentas con llevar una ropa más de abrigo (por si en Cancún hace frío), algo más de dinero (por si tengo que tomar un taxi), al menos tres copias impresas del boarding pass (¿o eso es sólo una manía que me ha contagiado mi madre?), etc. Pero no sé, creo que nunca esperas que te ocurran estas anécdotas que os voy a contar.

Basta que planees algo mil veces y con todo detalle para que salga todo mal. Es como si cuanto más te esforzaras porque salgan bien las cosas, mayor es la tendencia a que ocurran del revés. Pero quizás sea porque tenemos unas expectativas demasiado altas y al final nos frustramos si las cosas no salen como esperábamos. Por muy dramáticas que puedan parecer estas historias, al final siempre quedan como una anécdota divertida que contar.

Secuestro express en el Vaticano

Sí, así de divertido como suena. Estás en una de las ciudades más visitadas del mundo, con la seguridad de la Guardia Suiza y los carabinieri rodeando toda la plaza de San Pedro, ¿qué peligro puede haber?

Este verano visité 9 países con unas amigas. Estaba muy emocionada porque una de ellas nunca había salido de España y llegaba directamente a mi querida Roma a encontrarse con nosotras. Como dije en Roma, la ciudad eterna, pasar por el Vaticano es una visita obligada. Tuve la suerte de poder asistir a una misa cuando estaba enseñándole la Basílica a mi amiga y decidimos asistir.

Cuando terminó la misa, salí para hablar con mi hermano, quien me había marcado y escrito un emotivo “¿dónde coño estás? Contesta el puto teléfono”. Me asusté cuando me preguntó si estaba con mi amiga. Se encontraba frente a mí tomando fotos. Me dijo que su madre estaba llorando histérica porque alguien le había llamado diciendo que habían secuestrado a su hija. Yo no entendía nada. Sólo me atreví a decir en voz alta “¿Qué si han secuestrado a E?”. Mi amiga se giró a mirarme cuando mencioné su nombre, sacó el teléfono y vio que tenía más de una veintena de llamadas perdidas de su familia.

Al final tranquilizamos a la madre de mi amiga. Y a la policía, que estaba en su casa. Al parecer habían llamado a varias casas de la zona dando el mismo aviso de secuestro y ninguno era cierto. Se me ocurrió llamar a mis padres por si se habían quedado preocupados. Mi madre, que a veces tiene respuestas muy épicas, contestó: “Muy bien, cariño, pues si no os han secuestrado a ninguna, podéis ir a tomar una cerveza. Disfrutad el viaje y cuidaos”.

No hablar la lengua del país que visitas. Y que ellos no hablen inglés

Vi noche y día a la vez desde el avión que me llevaba de Estambul a Moscú. De un lado era todavía de noche. Del otro estaba amaneciendo y todo se veía muy claro con la luz del sol. Fue un viaje pesado pues no hicimos noche en Estambul y estábamos cansadas de estar andando todo el día. Llegamos a las 8 am al aeropuerto Sheremétyevo y no sabíamos dónde estaba nuestro hotel ni cómo funcionaban las cosas por Rusia. Antes de tomar un taxi que no podíamos pagar porque no habíamos cambiado nuestros preciados euros, decidí preguntar en el punto de información turística del aeropuerto. Teniendo en cuenta que es un aeropuerto internacional al que llegan muchos turistas, supuse que no sería un gran problema preguntar cómo llegar a mi hotel.

Primero fue el caos para encontrar dónde estaba el punto de información. Segundo fue entender qué intentaba decirme aquella muñequita de porcelana que habían puesto a trabajar allí y que sólo hablaba ruso. Entiendo que si pregunto en una calle cualquiera de Moscú algo en inglés sin señalar un mapa nadie me entienda. Sería raro, pero pasa igual en España cuando vienen los turistas. ¿Pero en el aeropuerto? ¿Y qué se supone que tenía que hacer con lo que parecían ser las instrucciones para llegar a mi destino si todo estaba escrito en cirílico?

Que Dios bendiga con un buen novio a la mujer que estaba detrás de mí y me explicó como pudo en inglés cómo llegar, qué trenes teníamos que tomar y dónde cambiar nuestro dinero a rublos. Por suerte llegamos bien al hotel y aunque todavía no se podía hacer el check in por la hora, nos dejaron entrar antes a la habitación y pudimos descansar unas horas antes de salir a conocer la ciudad.

Fingir que no hablas ningún idioma para evitar una multa

Creo que ésta la hemos utilizado todos. Yo concretamente en Roma cuando me subí al autobús sin pagar. Fingí no entender nada de italiano, aunque es ridículo que un español diga eso. Primero porque sabes lo que has hecho mal y por tanto por qué te están preguntando. Y segundo porque hablo italiano. Disimulé que no sabía qué intentaban decirme y me bajé del autobús en la siguiente parada. Pero me salvé de la multa de 100 euros, que era la idea.

Peor fue hacerlo en mi propia ciudad. Me colé en el metro saltando la entrada y llegando al andén me pidieron el ticket que obviamente no llevaba. Me hice la turista perdida y empecé a hablarles en italiano y medio en español con acento italiano… Un bonito espectáculo que al final se solucionó subiendo a comprar el ticket (1,5 euros) en lugar de pagar una multa de 300 euros.

La ley de Murphy dice que si algo puede salir mal, saldrá mal. Por suerte, mantener una actitud positiva y aprender a reírse de todo ayuda mucho a sobrellevar algunas situaciones. Hablando con amigos de todo esto que nos pasa en los viajes he oído mil cosas. Como que te persiga una vaca por mitad del campo y que al día siguiente veas un titular de que mató a un hombre en el pueblo de al lado. O pedir hamburguesas de un euro en un Burguer King de México. Perder un vuelo y ya no tener dinero para comprar otro o perder el último tren que te llevaba a otra ciudad y acabar durmiendo en un armario empotrado con moqueta en la casa de un indio en mitad de Londres. O conocer a un proxeneta en el hotel en el que te alojas y que te ofrezca trabajo.

Viajera incansable.

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