Dos años en México!!

El pasado 31 de agosto cumplí dos años en México. Dos putos años lejos de las croquetas de mi madre, del jamón y el queso ibérico, de las cervezas a cualquier hora, incluso para desayunar con un pincho de tortilla, de los abrazos de mi padre que aprieta tanto que parece que me van a romper y contrariamente me reconstruyen. Pero también han sido dos años de experiencias, de crecimiento, de conocer lugares y personas, de enamorarme, de enfadarme, de llorar hasta que dejase de doler y reír tanto que hasta dolía, de borracheras diarias y resacones en mi mesa de trabajo, de noches hablando y jugando cartas… Me ha tocado saber por un WhatsApp que un familiar se enfermó y falleció y que una nueva princesa formaba parte de la familia mientras yo vivo al otro lado del mundo. Tengo tantas fotos desde el verano de hace dos años que he tenido que pasarlas al disco externo porque la tarjeta de 64 Gb ya no daba de sí más. Tengo contactos de todas partes del mundo y he hecho promesas de ir a ver a mucha gente y conocer sus ciudades. He hecho llamadas para saber que la gente que quiero está bien cuando he oído que ha habido un terremoto afectando el centro de México y he pedido disculpas porque olvidé felicitar por su cumpleaños a una amiga en España. He aprendido a aprovechar el tiempo porque me ha tocado repartir 10 días para ver a toda mi gente en Madrid y casi no me alcanzaban y he perdido más de 10 minutos discutiendo con quien no merecía la pena. Me he dado cuenta que cada vez tengo menos paciencia para los intolerantes y mucha más conmigo misma. Y que cada vez escribo con menos frecuencia pero con más corazón. En definitiva puedo decir que han sido dos años cojonudos y que no los cambio por nada. Me siento orgullosa de haber rechazado aquella entrevista de trabajo en Londres y haber conocido a toda esa gente que me invitó en algún momento a visitar su querido México, que ahora es mi querido México. Y me emociono y lloro y grito cantando música de banda hasta quedarme afónica. Y de vez en cuando necesito comer tacos como antes necesitaba el chocolate. Y me río de los albures y de todo lo que los chilangos pueden meter en un bolillo de pan. No será mi Madriz, pero no está nada mal.

Viajera incansable.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *