Cuba, quiero bailar la salsa

La verdad es que no sé por qué me he tardado tanto en escribir este post sobre mi viaje a Cuba. En febrero de este 2018 me encontraba pasando por una mala situación emocional. Un amigo de Colombia me preguntó por mis días de vacaciones, pues a él le debían días y quería aprovechar para hacer un viajecito. Me comentó la posibilidad de ir a China y también vimos opciones a Machu Picchu. Por unas cosas u otras, para intentar gastar lo menos posible, acabamos comprando vuelos a Cuba.

Todo pasó tan rápido que sin saber bien cómo, en una semana me encontraba de nuevo en la terminal de vuelos internacionales del aeropuerto de Cancún, comprando divisas y con mi seguro para entrar a Cuba. Como me gusta viajar con frecuencia pero no tengo tanto dinero, miro siempre los vuelos en Skyscanner; de esta forma me puedo ahorrar bastante dinero para disfrutar más los días que pase en mi nuevo destino. De la misma manera, y no sólo por ahorrar, sino porque soy muy fan de convivir con la gente local, Airbnb es siempre mi opción para alojamientos.

Como en todos mis viajes, siempre me tiene que pasar algo, así que esta vez, no iba a ser menos. Llego al aeropuerto de La Habana y lo primero que me encuentro es a Wilson, mi amigo de Colombia, comiéndose un helado y muerto de calor. Él ya se había encargado de encontrar el autobús que nos llevaría al centro, donde estaríamos hospedados. Así que cargamos nuestras mochilas y nos fuimos.

Lo malo de Cuba es que si se dan cuenta de que no eres cubano, te intenta cobrar mucho más. En Cuba se manejan dos monedas, la nacional (CUP), para locales, y los CUC para extranjeros. Puedes pasar de pagar 1 CUC (equivalente a 1 dólar) a pagar un 1CUP (0,10 dólares) por un billete sencillo de autobús. Como ves, la diferencia es notable.

Mi suerte fue Wilson, que me libró más de una vez de perderme. Para quien no me conoce en persona, soy torpe, muy, muy torpe, con las indicaciones geográficas. Para empezar me cuesta diferenciar derecha de izquierda, así que puedes imaginarte cómo debo ser leyendo un mapa… Wilson, mi querido Wilson tuvo el ingenio de descargarse los mapas para movernos por las ciudades por las que íbamos a estar aquellos días. ¡Y además sabe leerlos! ¡Mi complemento de viajes perfecto! Los días antes a nuestro viaje habíamos tratado de buscar los sitios que debíamos visitar para no perder mucho tiempo dando vueltas y disfrutar así más tiempo viendo lo más bonito.

Estuvimos 3 noches en La Habana y 1 en Matanzas; de esta forma nos dio tiempo a conocer la capital y Varadero. El primer Airbnb en el que nos quedamos era la casa de Nel, en La Habana; cuando nos movimos para conocer las playas de Varadero, estuvimos en la casa de Laiz María, en Matanzas. Realmente recomiendo a cualquiera de los dos. Nos trataron genial, son muy hospitalarios, nos ayudaron en todo y me dio tristeza el momento de despedirnos.

Estamos convencidos de que nos quedamos sin ver muchas cosas, pero esta fue la ruta que nosotros trazamos y con las que conocimos sitios hermosos, además de conocer lo tradicional y lo turístico, lo bonito y no tan bonito de este país.

Día 1. Llegando a La Habana

El trayecto desde Cancún no es largo, aproximadamente dos horas, así que llegué con tiempo al aeropuerto, el vuelo fue directo y, afortunadamente, al salir del avión no tardé mucho en encontrar a mi amigo porque el aeropuerto de La Habana es muy pequeño. Ya eran las 3 de la tarde aproximadamente cuando llegué a la capital de Cuba. Tomamos varios autobuses para poder llegar al centro, ya que era la forma más económica de llegar (todavía no teníamos idea de qué tan caro sería pasar esos días allá porque se nos ve de lejos que somos extranjeros y, como en todos los países, intentan sacar partido del turismo).

Cuando llegamos al final de la línea de autobús, rápidamente Wilson ubicó la calle por la que teníamos que llegar a nuestro alojamiento. Nel, el propietario del Airbnb en el que nos quedamos, fue muy atento con nosotros. Puedes hacer click aquí para ver el alojamiento en el que nos quedamos en La Habana. Según llegamos, intentamos conectarnos a Internet. Imposible, la WiFi no funciona en Cuba. Nel nos prestó su laptop para conectarnos a Facebook y poder avisar a nuestras familias que habíamos llegado correctamente.

Lo que más nos interesaba a Wilson y a mí era ponernos al día, hacía meses que no nos veíamos y teníamos mucha hambre. Le preguntamos a Nel donde comer un plato típico cubano y que no fuera espectacularmente caro, ya que estábamos alojados en el centro. Nos indicó una calle llena de restaurantes y el primero en el que nos fijamos tenía una fila de gente esperando para ser atendidos así que ahí nos plantamos. Pedimos unas cervezas para esperar tomando algo y allí cenamos. Nos costaron más caras las dos cervezas que los platillos que comimos. Aproximadamente 7 dólares (4 dólares de dos cervezas y 3 dólares de la comida).

Es fácil ubicar dónde hay Internet en redes “abiertas”. ¿Recuerdas cuando salió Pokemon Go y se veían hordas de personas pegadas al teléfono en el mismo lugar? Pues así les encontrabas en Cuba. Para conectarte a Internet tienes que comprar una tarjeta en la que aparece un código y una password. En el mejor de los casos lográbamos conectarnos dos veces al día, así que aprovechábamos para avisar a nuestras familias que estábamos bien y subíamos una foto a Facebook.

Día 2. Vamos a conocer La Habana.

En el alojamiento donde estábamos no incluía desayuno, así que salimos a buscar una cafetería o un súper donde poder comprar galletas y algo para comer. El supermercado que encontramos no tenía prácticamente de nada, poco más que unas conservas, así que acabamos por comprar unos sándwiches y comer mientras andábamos por el centro.

A diez minutos de la casa de Nel se encontraba el Capitolio. Es probablemente el edificio más emblemático y uno de los grandes símbolos de La Habana, así como los paseos en coches antiguos.

Callejeamos y encontramos un poco de todo. La verdad es que parecía una ciudad que había sido devastada no hacía mucho por una guerra y muchos de los edificios están en pésimas condiciones, pero esto mismo hace que la propia ciudad adquiera un toque muy particular.

El malecón es probablemente una de las zonas más transitadas. Puedes ver el castillo del otro lado y, por la noche, escuchar el cañonazo a las 9 pm. Es un espectáculo diario y gratuito así que, ¡no pierdas la oportunidad!

Una de las cosas que más me sorprendió fue la alegría del cubano. Pese a ser un país en el que ves que se pasan muchas penurias para poder llegar si quiera a final de mes, la gente es muy alegre y jovial. No es difícil encontrar a la gente con una bocina o un altavoz en mitad de la calle bailando a cualquier hora.

Me encantó encontrar lo que parecía un museo o una exhibición. Parecía algo así como las típicas casas ocupas que puedes encontrar en Europa, como las de Budapest o España, llena de fotos pegadas en la pared y ornamentos que parecen puestos por cualquier lado sin mucho sentido. Sin embargo, Leo D’Lazaro se me figuró un gran artista. En las fotografías que había tomado, tanto de su tierra como de los diferentes países que había visitado, así como en las esculturas que había creado y tallado se veía mucha fuerza, se exponía abiertamente la cruda realidad que se podía ver en La Habana. La parte quizás no tan bonita, lo que no te contamos en los blogs, sino lo que día a día vive su gente: las inundaciones, los cortes de luz, la falta de infraestructuras y problemas derivados de los huracanes y tormentas tropicales, el hambre que se pasa, las dificultades para salir del país (y mucho peor para volver a entrar), etc. Pasa por el Taller de Leo, el ojo del Huracán.

Encontramos durante la tarde los edificios con las caras del Che y Fidel Castro. Es una plaza muy grande y, pese a ello, no había prácticamente turistas. Nos costó encontrar una pareja que nos pudiera tomar la foto juntos.

Seguimos caminando hasta que cayó la noche y fuimos recorriendo callejuelas sin saber muy bien hacia dónde nos dirigíamos, pero intentando llegar hacia el centro.

Llegamos así a una calle que tenían dedicada a los orishas y la santería, la religión más extendida en la isla, ya que mezcla las tradiciones afrocubanas y sus raíces africanas con las actuales católicas.

Tras tomarnos una bebida con el guía, nos dirigimos hacia nuestro alojamiento para cenar algo y dormir temprano. Llevábamos todo el día fuera de casa y estábamos reventados de tanto caminar.

Día 3. ¡Nos vamos a Matanzas!

Dicen que muchas de las playas más bonitas están en esta parte del mundo, en el Caribe. Desde que vivo en el caribe mexicano y ahora que también he conocido Varadero, puedo decir sin miedo a equivocarme que probablemente sí sea cierto. Todavía no conozco ese paraíso de Tailandia, sin embargo las playas de aquí son espectaculares. Con razón la gente ahorra durante todo un año para poder venir de vacaciones y conocer estos lugares.

Tras tomar un café con él, preguntamos a Nel cuál era la forma más segura, económica y rápida para llegar a Matanzas. Nos indicó cómo ir hasta la terminal de autobuses y cuánto deberíamos pagar. Tomamos un autobús público y llegamos a la central de autobuses. Allí pagamos aproximadamente 16 dólares cada uno por el trayecto hasta Matanzas. Eran dos horas de camino, así que nos preparamos para ir organizando qué haríamos allí, qué habría que visitar, etc. Si en el centro de La Habana no es fácil conseguir WiFi, te dejo saber que tampoco es posible hacerlo en los autobuses o instalaciones públicas. Como no podíamos navegar y descubrir qué habría allí o cómo llegaríamos al Airbnb, nos dedicamos a tomarnos fotos.

Según llegamos al alojamiento, no sin incidentes, por supuesto, deshicimos las maletas y armamos la mochila para irnos directos a la playa. Laiz María, la anfitriona del hostal San Seberino, nos recibió con espectacular cortesía y en lo que su madre le indicaba a Wilson cómo llegar a Varadero, yo me metí a duchar. Durante el trayecto en autobús a mi amigo se le cayó la mitad del jugo de durazno que llevaba… sobre mí. No es la sensación de pegajosidad lo incómodo, sino la picazón que me produjo porque soy alérgica. Cosas que pasan cuando vas de viaje.

Llegar a Varadero era otra hora de camino en guagua (autobús).  Cuando llegamos allí parecía que nos hubiéramos bajado del autobús en mitad de ninguna parte. Seguimos a la fila de gente, que suponíamos también debían estar buscando el centro o la zona de playa. Cruzamos un puente y, efectivamente, allí se extendía el conjunto de hoteles y resorts todo-incluido de Varadero. Seguimos caminando otros 15 minutos y encontramos una tienda donde podíamos comprar unas cervezas para ir a la playa y pasar toda la tarde allí.

Emoción fue ver un restaurante que ofrecía langosta con guarniciones por 12 dólares. Ya sabíamos dónde íbamos a cenar. Mojitos y cubalibres en 3 dólares. Esa fue nuestra noche de consentirnos. La langosta nos supo a poco, así que acabamos pidiendo incluso pollo asado. Por todo lo que comimos y bebimos pagamos aproximadamente 20 dólares cada uno. No está mal para ser uno de los principales centros turísticos del Caribe y cenar langosta, ¿verdad?

Después de hartarnos cenando, tomamos un autobús y regresamos a Matanzas a dormir.

Día 4. ¿Volvemos a las playas de Varadero? ¡Volvemos!

Despertamos temprano para poder desayunar y aprovechar todo el día en la playa, ya que en la noche debíamos estar de nuevo en La Habana. El plan que teníamos era ir a sacar efectivo, pues Wilson ya no tenía, ir a la playa, regresar a Matanzas a bañarnos y tomar el penúltimo autobús que regresaba a la capital. Nos daba miedo no llegar a tiempo, así que reservamos la posibilidad de poder tomar el último trayecto.

No sabíamos qué encontraríamos abierto, porque Matanzas parecía abandonado. Encontramos una cafetería que tenía sándwiches, así que ahí entramos. No es que fuera la mejor comida del mundo, ni mucho menos. Pero comimos tres sándwiches cada uno y dos tazas de café ¡¡por 1,5 dólares!! Se nos hizo tan espectacularmente barato que dejamos otro dólar de propina. Además, para hacerlo todo mucho más divertido contaré que me fui con tres pares de calzado: unas sandalias, unas chanclas y unos tennis; sólo regresaron a casa los tennis. Las sandalias terminaron de romperse el día dos en La Habana; las chanclas, el día dos de Varadero. Suerte que Wilson supo resolver la situación. Al menos tuve calzado para regresar al aeropuerto.

No encontramos la casa de cambio abierta, así que decidimos caminar un poco y tomar el autobús para buscar otra casa en Varadero. Pasamos por una escuela de baile y comprendimos de dónde sale tanta fuerza para bailar. Allí estaba todo el pueblo reunido viendo cómo bailaban.

Pasamos otro día de playa y decidimos volver antes por miedo a perder los autobuses. Corriendo hicimos las maletas y nos despedimos de Liz María. La verdad fue muy noble y nos ayudó mucho. Su marido, de hecho, nos acercó en su moto con sidecar al lugar donde debíamos tomar el bus para que no tuviéramos que cargar con las mochilas.

Y, tras esperar y creer que ya no podríamos volver a La Habana, tomamos un autobús local (el turístico iba tan lleno que no pudimos ni subir) y llegamos de nuevo al centro de la ciudad. Nel ya no tenía alojamiento disponible porque la habitación que habíamos ocupado ya la había rentado, así que nos llevó con una amiga suya y nos quedamos con ella.

Día 5. ¡No quiero regresar todavía a México!

El viaje llegaba a su fin. Nuestro último día en Cuba lo ocupamos para recorrer de nuevo el centro y comprar algún recuerdo para nuestros amigos y familiares. Desayunamos en el centro, compramos unas artesanías y llegó el momento de llegar de nuevo al aeropuerto y despedirnos.

No sé si sería suerte, pero durante todos estos días nos estuvieron ofreciendo dar paseos en los coches antiguos y se nos hizo disparatamente caro pagar 50 dólares por un recorrido de una hora. Sin embargo, esperando que llegara el autobús que conectaba con el aeropuerto, apareció uno y lo tomamos entre cinco personas, pagando cada quien 4 o 5 dólares. Nuestros últimos recursos económicos nos sirvieron para eso. ¡Logro conseguido, montamos en el coche antiguo! Wilson tomaba su vuelo a Bogotá antes que yo a Cancún, así que tuve tiempo de aburrirme en el aeropuerto antes de embarcar.

Datos a tener en cuenta para viajar por La Habana y no gastar mucho

Aquí les dejo algunos datos interesantes por si quieren tomarlos en cuenta para cuando vayan a Cuba. ¡¡Disfruten!!

  • Moneda local CUP, moneda extranjera CUC
  • 1 CUC (equivalente a 1 dólar) son 24 CUP
  • El transporte local cuesta 1 CUP
  • Los restaurantes locales se llaman paladares
  • El almuerzo cuesta aprox. 40 CUC y una pizza aprox. 60 CUC (puedes comer bien y rico por aproximadamente 3 dólares)
  • Cenar langosta en Varadero 12 CUC y cada mojito o cubalibre 3 CUC
  • Alojamiento en casa de Nel, en La Habana
  • Alojamiento en casa de Laiz María, en Matanzas: 13 CUP
  • En Matanzas, en la principal plaza del pueblo hay un local pequeño para desayunos. 6 sándwiches y 3 cafés nos costaron 1,5 dólares
  • Las tarjetas de Internet se pueden comprar en casas particulares o tiendas ETECSA y cuestan 1,5 CUC y te dan 60 minutos
  • Donde ubiques a mucha gente con el teléfono en la mano, ahí hay conexión a Internet
  • Cuba es muy seguro. Al punto de que puedes dejar tu móvil en la mesa mientras vas al baño y no te lo roban

 

De vuelta a Cancún y a la rutina… Todavía no sé por qué he tardado tanto tiempo en escribir este post. Debería haberlo hecho según llegué y no seis meses después. Fue un San Valentín en Cuba, con un amigo al que le debo mucho, que sólo aguantarme ya es bastante, que se le ocurrió descargar los mapas de las ciudades antes de llegar a Cuba y eso nos salvó de perdernos, que me hizo olvidar los problemas y que traía una actitud súper positiva y muchas ganas de conocer. ¡Gracias, Wilson! Espero que el viaje que quedó pendiente a Machu Picchu no tarde mucho en llegar. Un abrazo y sigue con esa vibra, por favor ❤

Viajera incansable.

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