Bucear en el Caribe, una experiencia única

“La vida bajo el mar es mucho mejor que el mundo allá arriba.”

Ya estoy en el agua. Soy la siguiente en bajar. Son 8 metro de profundidad. Pequeña taquicardia. Adrenalina subiendo. “Todo va a salir bien” me repetía a mí misma una y otra vez. Vas a bucear y lo vas a hacer bien. ¡Disfruta!

Un día cualquiera no sabes qué hora es… Te despiertas y recuerdas que tenías una actividad programada desde hace casi un mes pero que por diferentes motivos has tenido que ir dejando para otro momento. Y por fin llega el día: hoy vas a bucear. Los lunes a veces son un poco conflictivos, no tenemos muchas ganas de madrugar para sentarnos 8 horas en nuestra silla en el trabajo, pero este lunes fue diferente.

Empieza el espectáculo…

A las 10.30 de la mañana estaba en la marina de Aquaworld, en el kilómetro 15.3 de la zona hotelera de Cancún, con toda la actitud para disfrutar al 100 de una nueva experiencia. Primero tendríamos la clase de iniciación para bucear y, después, iríamos a los arrecifes a probar por primera vez en aguas abiertas. Lo reconozco, estaba nerviosa. Me da un poco de aprensión lo de no respirar de manera regular o que me duelan los oídos cuando me sumerjo, así que aquella vez pondría a prueba mi capacidad para calmarme en el agua, especialmente si surgía algún problema. Resultó que bucear es más fácil de lo que uno piensa si se tiene precaución y se atiende a las normas básicas.

Nos dieron una presentación en un vídeo donde nos explicaban las señas para comunicarnos bajo el agua, qué hacer en caso de encontrar algún problema, etc. y rellenamos todos los formularios y responsivas necesarias. Ya estábamos listos para hacer la prueba y bucear en la piscina. Éramos sólo tres en la iniciación, así que fue rápido, aproximadamente una hora, y pronto nos encontrábamos en la embarcación que nos llevaría a aguas abiertas a probar nuestras habilidades. Ninguno de nosotros tres había hecho esto antes y llevábamos nuestras cámaras deportivas sumergibles listas. Bueno, la mía decidió fallar en el último momento (estúpida Ley de Murphy), así que les agradezco a mis compañeros que me tomaran fotos y me pasaran también sus vídeos para poder narrar todo esto que les estoy contando.

El momento de la verdad…

Bucear es sencillo si controlas tu respiración y mantienes la calma. El momento clave: “da una zancada grande cuando te diga y yo te empujo”. Casi quería rezar porque nada saliera mal; o más bien, porque mis miedos no se apoderaran de mí. Porque, seamos realistas, cuando nadamos en aguas abiertas siempre tenemos miedo a que venga algún bicho y se nos coma o algo así… Y teniendo en cuenta que otras veces haciendo snorkel en por esta zona he visto tiburones, como cuando nadé con tiburones ballena o en Isla Contoy, pues como que te da un yo qué sé que qué se yo y hasta el estómago se te cierra. ¿Y si ahora también pasa?

Voy bajando agarrada a la cuerda, calibrando los oídos poco a poco. Ya llevo 2 o 3 metros. Ups, me molesta el oído izquierdo, me pongo nerviosa. El guía que nos acompaña me pide que me calme y suba medio metro y vuelva a calibrar oídos para que la presión no me haga daño. Uff ya pasó, puedo seguir descendiendo. Ya estoy abajo, junto a dos compañeros más. Baja el resto del grupo y el guía nos pregunta si todos estamos bien. Todos estamos bien. Empezamos a movernos y empiezo a centrarme en que no puedo respirar tan bien como cuando estoy en la superficie. Sí, claro, es obvio, estás a 8 metros bajo el agua, pero es una sensación rara, como si no te llegase suficiente aire a los pulmones. Me da un poco de ansiedad, pero me repito una y otra vez “no seas pendeja, has hecho cosas más jodidas (COMPLICADAS, perdón, más complicadas) antes y has salido del apuro. Todo va a estar bien. Relajación.” Miro el manómetro, tengo el tanque entero, no hay motivo para entrar en pánico.

Ahora a disfrutar…

Comienzo a aletear y a ver los primeros corales y peces. Es realmente bonito. Un grupo de peces pasa por mi derecha y parecen mirarnos como nosotros, buzos primerizos, a ellos. ¡Mira esos corales! ¡¡Wooow esos peces chiquitos que brillan son increíbles!! Encontramos otros buzos por el camino, les preguntamos si todo está bien y contestan que todo está correcto. Seguimos nadando. Ya ni pienso en mi respiración. Pero de pronto mis gafas tienen agua por haberme reído. Espera, esto lo vimos en la piscina, puedo sacar el agua sin necesidad de subir a la superficie. Inhalo aire, suelto por la nariz presionando ligeramente las gafas en la parte superior y ¡voilà! Conseguido, puedo seguir disfrutando de las hermosas vistas que ofrece el segundo arrecife de coral más grande del mundo. Cada cierto tiempo compruebo el manómetro para comprobar que efectivamente todavía tengo aire de sobra.

Cuando quiero darme cuenta, estoy de nuevo en la cuerda para empezar a subir. ¿Ya? ¿Tan pronto? ¡Yo todavía tengo aire para bucear otros 15 o 20 minutos! Quiero más. Sí, al principio estaba nerviosa, pero conseguí dominar mis nervios y disfrutar como una enana. Poco a poco voy subiendo la cuerda y noto como mis oídos van adaptándose a la diferencia de presión. Me han quitado las aletas para que no suba demasiado rápido. En cuanto mi cabeza toca la superficie el guía tira de la cuerda y mi chaleco se infla. Por fin puedo respirar normal. Cuando subo, la mitad de mis compañeros están mareados o no pudieron si quiera tomar la actividad porque no se encontraban bien. Los dos compañeros con los que tomé la lección de iniciación tienen el estómago revuelto porque en lo que subíamos todos ellos estaban en la embarcación y se movía bastante con el oleaje.

Bucear es una experiencia única, ¡vívela al menos una vez en la vida!

¡Prueba superada! Regresamos todos sanos y salvos y sin que nadie vomitara por el camino. Nos dieron una barrita energética y botellines de agua y refresco al terminar de bucear. Ya quiero ver las fotos y poder contar que POR FIN hice buceo. Literal desde que llegué a Cancún a vivir quería hacer surf (hecho), nadar con tiburón ballena (hecho) y hacer buceo (hecho). Ahora sólo  quiero ver cómo sacar el certificado de buzo oficial para ir a nadar a otras muchas partes del mundo y descubrir lo maravilloso que es el mundo submarino. Mil gracias a los chicos de Aquaworld por esta más que bonita experiencia. Ahora sólo necesito recomendaciones para saber si es mejor la licencia PADI o SSI, porque parecen ser prácticamente iguales. Si alguien tiene una sugerencia, les agradecería que me dejaran un comentario (¡Gracias de antemano!) aquí al terminal el post.

Aquí les dejo un vídeo de 5 minutos que grabó Juan Carlos, uno de mis compañeros con los que hice la primera prueba de buceo. Mil gracias por todo el material fotográfico a ti y a Cynthia Castelán.

Viajera incansable.

Un comentario

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *