Bogotá en 4 días

“A mí deme un aguardiente de caña, de la caña de mis valles y el anís de mis montañas”

(Rafael Godoy)

Gracias a mis parceros, a Camilo por darnos de comer en su casa, a Rafa y Wilson por hospedarme y mostrarme lo bonita que es su ciudad. A los tres, por hacer tan completo este viaje. Espero volver pronto y conocer más sitios. Mil gracias. Les quiero y les extraño.

Desde que vivo en Cancún he tenido el placer de conocer gente de otros estados de la república y de otros países, ya que mucha gente viene a realizar un semestre de intercambio o incluso a buscar trabajo, especialmente si sus carreras están enfocadas en el turismo. Fue aquí donde conocí a unos amigos de Colombia, concretamente de Bogotá. Hable con ellos de hacer un viaje para ir a verles, pero nunca concretamos nada. Hasta que un día me dijeron “pues mira a ver si te viene bien la semana que viene, que aquí el lunes es fiesta”. Dicho y hecho, el lunes compré mi vuelo para ir ese mismo jueves y regresar el martes siguiente. Porque de vez en cuando hay que hacer cosas así sin pensarlas demasiado.

Vivir en Cancún ha hecho que me acomode a un clima de entre 25-30 grados. Por debajo de esta temperatura, ya siento frío. Bogotá me recibió con 14 grados y unas noches de 6-8 grados. Fresco, que dirían en Burgos. Pero el frío no iba a limitarnos para conocer la ciudad y pasar buenos ratos con mis amigos. Así que dejamos las maletas en casa y fuimos a cenar algo y tomar unas cervezas.

Bogotá Beer Company (BBC) es una cadena de bares con cervezas artesanales. La verdad, están muy ricas y no son muy caras. Puedes pedir medias pintas, pintas o jarras de dos litros. ¿Adivinas cuál pedí con mi amigo? Mejor que sobre, que no que falte. Pasamos la noche poniéndonos al día de los últimos meses sin vernos y planeando qué íbamos a hacer en los días siguientes.

Guía básica de Bogotá y alrededores

  • Bogotá es una ciudad fría en las madrugadas (6-8 grados) y suele llover con frecuencia. Sin embargo, durante el día suele brillar el sol y la temperatura es agradable.
  • Los europeos no necesitan visado.
  • Moneda: 1€ = 3.418,3 COP (pesos colombianos)
  • Para moverse: por comodidad recomiendo transmilenio y autobús (tienen un carril propio para conducir en ciudad, por lo que en hora pico es más fácil evadir el tráfico). En las noches, uber (si quieres un descuento, haz click aquí).
  • Bogotá
    • Cerro de Monserrate
    • La Candelaria
    • La catedral Primada
    • Zona T
    • San Victorino y San Andresito
  • Villa de Leyva
  • La presa del Sisga
  • El Puente de Boyacá
  • Comer:
    • Picada
    • Café con queso
    • Aguapanela
    • Arepas
    • Plátano maduro
    • Bogotá Beer Company para tomar cervezas (aunque bares no faltan)
  • Fiesta: Zona T. Por mi mala experiencia NO RECOMIENDO ir a Theatrón.

Día 1. Bogotá.

Yo no tenía idea de lo grande que era la ciudad hasta que vi una panorámica desde Monserrate. Increíble. Está situado a más de 3000 metros de altura, pero no te preocupes, tienes la opción de subirlo en teleférico. Se cuentan diversas historias y leyendas sobre el santuario construido, como que las parejas que lo visitan nunca se casan o que cuando sale el sol se marca el camino para llegar a El Dorado.

Además de visitar la iglesia y contemplar las maravillosas vistas que ofrece sobre la ciudad, también puedes disfrutar de las artesanías y comidas típicas de la zona. Siéntate y disfruta de un café con queso (sí, el queso dentro del café) o de un aguapanela, una bebida muy típica en los hogares colombianos para entrar en calor.

Bajando del cerro puedes disfrutar de La Candelaria. Antiguamente llamado Fuenlabrada, se trata de un barrio que todavía conserva sus arquitecturas coloniales. Es una zona hermosa para pasear en la tarde y ver cómo los jóvenes universitarios hacen su vida al salir de clases. Es una zona muy turística, por lo que también podrás encontrar muchas tiendas de artesanías y cafés.

En la noche, decidimos ir a Theatron. Esta discoteca es un conjunto de discotecas, por así decirlo. Varios escenarios con diferentes tipos de música y barras de bar. Dj’s y cantantes internacionales han pasado por sus escenarios. La diversión está asegurada. Pese a posicionarse como una discoteca de ambiente, es bien recibido todo el mundo. Bueno, excepto, al parecer, los españoles. Por algún motivo que no nos quisieron especificar, no me dejaron entrar. Mostré tanto mi credencial española como la mexicana y ninguna de ellas sirvió. No entendimos bien cuál era el problema, pero negándonos a rogar para que nos dejaran pasar, preferimos irnos, bastante molestos, a otro lugar.

En la Zona T puedes encontrar un montón de bares y discotecas. Si bien suelen cobrar cover por entrar, muchas de ellas merecen la pena porque tienen barra libre con alcohol de primeras marcas. Al final entramos a uno de los locales, compramos dos botellas de ron y pasé una noche increíble con mis amigos a los que no veía hacía meses. Bebimos, bailamos, tomamos fotos y pasamos una noche genial, a pesar del incidente en Theatron.

Posdata. Aunque el día fue un poco complicado, de todo se aprende. Esa tarde Wilson y yo aprendimos a cambiar la llanta de un coche. Tuvimos que mirar las instrucciones del gato y rezar porque hubiéramos ajustado suficiente la rueda y no se nos saliera camino a casa, pero lo hicimos.

Día 2. Bogotá

Amanecimos trasnochados y sólo teníamos ganas de tomar, de manera que agarramos el carro y nos fuimos. Tambor, en La Calera. Un sitio genial, unas vistas preciosas, un ambiente familiar y una comida de diez. Está situado a las afueras de Bogotá, pero realmente merece la pena ir.

Comer hasta hartarse es poco con este platillo: Picada. ¿Qué lleva? Pollo, cerdo, res, chicharrón, chorizo, papa criolla, plátano maduro, morcilla, maíz, yuca, arepas rellenas de queso, arepas de chócolo y guacamole. Sólo eso. Por si te quedas con hambre, también tienes un par de sitios fuera del salón para comprar helados y postres con frutas y chocolate.

Para bajar la comida ligera, nos fuimos a pasear por la Zona T. Desde luego, parece otro lugar completamente diferente de día y de noche. Centros comerciales, gente por todas partes, ambientación navideña, restaurantes, heladerías…

La verdad fue un día increíble, si bien tampoco hicimos nada espectacular, más que comer y pasear. Como teníamos pensado salir de viaje temprano al día siguiente, decidimos volver a casa pronto y ver una película.

Día 3. Villa de Leyva.

Despertarse a las cinco de la mañana no es lo más apetecible en un sitio donde amanece a 8 grados de temperatura. Sin si quiera desayunar, agarramos el coche y nos fuimos. Son apenas 166 km de distancia desde Bogotá. Tres horas de camino subiendo y bajando cerros.

Por el camino paramos un par de veces. La primera, frente a una laguna: la represa del Sisga. Un paraje realmente hermoso entre las montañas y valles colombianos. Todo verde y fresco. Un lugar genial donde para a respirar aire fresco.

Nuestra segunda parada fue para hacer un desayuno ligero: caldo con carne y papas, huevos revueltos con tomate y cebolla y chocolate caliente. Apenas pude terminarlo.

Tercera parada en el camino: El Puente de Boyacá. Aquí comenzó la revolución. Hay estatuas de Simón Bolívar, la llama por los héroes caídos y un hermoso puentecito donde todo comenzó. Un sitio con mucho encanto, pero bastante turístico.

Cuarta parada: Valle de Leyva. Por fin, tras casi cinco horas conduciendo. Es un pueblo espectacular. Si bien nos hizo un poco mal de tiempo, eso no impidió que disfrutáramos de la visita. El ambiente colonial, el olor a comida inundando las calles, las plazas y los patios con pozos y fuentes… Mereció la pena por completo el madrugón y el largo camino.

La vuelta a casa se hizo un poco más pesada porque todos estábamos cansados, por lo que al llegar a casa decidimos no cocinar y comprar hamburguesas de Los Cocheros. Hay que reconocerlo, no son nada espectacular, pero tienen algo que las hace bastante ricas. Son las más vendidas en la ciudad y es que hay carritos a modo de puestos ambulantes, situados en prácticamente cualquier esquina. No podía irme de Colombia sin probarlas.

Día 4. ¡A comprar recuerdos!

En Madrid se llama El Rastro, en Ciudad de México es Tepito y en Bogota, San Victorino o San Andresito. Puestos callejeros y tiendas con copias de marca a muy buen precio. Ideal si quieres comprar barato. Si bien es cierto que tienes que cuidar tus pertenencias, no se me hizo una zona peligrosa. Los padres de uno de mis amigos tienen un local en la zona, así que preferí comprarles a ellos las botellas de aguardiente y, tras hablar un rato, nos invitaron a almorzar en su casa. Así que dimos una vuelta por la zona, visitando la catedral, comprando cosas y después fuimos a casa de mi amigo.

Si ninguno de los días anteriores había pasado hambre, con esta comida menos. Un plato de frijoles con pata de puerco, bistec de res, arroz y plátano maduro. Todo acompañado con un sinfín de cerveza y aguardiente.  Una tarde espectacular hablando de todo un poco y jugando con la familia unas apuestas que, finalmente, me sirvieron para pagar el taxi de regreso a casa. Un día de diez. Mil gracias a toda la familia de Camilo, por darnos de comer tanto y tan rico, por ser tan amables y darnos un hueco en su mesa.

Al día siguiente salía mi vuelo y mis amigos volvían a su rutina, así que volvimos temprano a casa para que ellos pudieran recuperar energías para volver al trabajo y a clases con fuerza. Mi conclusión del viaje: Colombia es increíble. Hacía tiempo que no salía de ver zonas de playa y encontrar todo tan verde, lloviendo y con frío… Me quedaron muchas cosas por conocer. Necesito hacer otro viaje por el norte, por el eje cafetero y la costa.

No tengo palabras suficientes para agradecer a mis amigos el que me hayan dedicado su tiempo y me hayan enseñado su ciudad, me hayan servido un plato en su mesa y me hayan acogido en su casa. A los tres, mil gracias. A la mamá de Wilson y a los papás de Camilo, por darnos de comer. Espero verles a todos muy pronto.

Viajera incansable.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *